
El ilustre onubense y prohombre del renacimiento don Bernardo Romero, en su blog nos la describe el jueves 26 de junio de 2008:
He cogido un choco (Sepia sepia) de poco más de un kilo, lo he limpiado y lo he troceado para meterlo en la un, dos, tres, picadora moulinex. En otras ocasiones lo he hecho a puritito cuchillo, pero uno se hace viejo, qué se le va a hacer. Pues bien, una vez triturado el choco, lo he puesto en un bol y le ha añadido sal, jengibre seco rallado, pimienta de cayena molida, pimienta recién molida, media cebolla rayada o picada muy fina, tres dientes de ajo picados finos y unas ramitas de perejil igualmente picadas. A continuación un huevo crudo y pan rallado. A mover, con las manos, poniéndotelas perdidas, pero es la mejor manera de integrar todos los ingredientes.
Pues ya casi está, porque tan sólo falta hacer las albóndigas, redonditas y no demasiado grandes, y pasarlas por harina para freirlas, pero no demasiado, que simplemente se pongan un poco doraditas.
Y ahora a elaborar la salsa. Se pica cebolla y ajos, o puerros sólo, como vuesas mercedes prefieran. Se refríen junto a una hoja o dos de laurel y se espera a que la cebolla esté transparente para añadir un vaso de vino blanco del Condado o similar, pero estos afrutados van que ni te cuento. Se trituran unas hebras de azafrán en el mortero, con la sal que vayamos a echar al guiso, y se añaden al refrito que estaremos en una cazuela, que se me olvidó escribirlo antes. Ahora se echan la albóndigas que teníamos medio fritas y reservadas, se cubren con agua y se dejan hervir a fuego lento, hasta que se haga una salsa absolutamente apetecible.
Se sirven en plato hondo, en el fondo la salsa, que deberá estar espesita, y encima tres o cuatro albóndigas para los demás y cinco o seis para tí, que para eso te has parado a hacerlas. Se adorna el plato con culantro (ramas de cilantro fresco) por encima y a disfrutar que son dos días.